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¿Qué podemos aprender de la FP alemana para reducir el paro juvenil?

jul. 12, 2017 Empleo

Los países que más están consiguiendo bajar las cifras de paro juvenil son los que más se preocupan por la formación de sus estudiantes. Uno de los ejemplos que siempre solemos mirar es el alemán. Allí, con la FP dual se están logrando unas cifras de récord: menos del 7% de desempleo juvenil. Actualmente, más de un millón y medio de jóvenes se benefician de los programas de formación en el trabajo. Y de ellos, el 66% consigue un contrato posterior con la empresa donde se han formado. En resumen: un millón y medio de jóvenes estudian una profesión y trabajan a la vez. Su sueldo, entre 400 y 1.000 euros.

El sistema educativo alemán no está aislado del mercado, como da síntomas de estarlo el español. El 21% de las compañías alemanas participa en él, según datos de la Oficina Federal de Estadística de Alemania. Estos programas duran entre dos y tres años y capacitan para formarse en 327 profesiones. Se pueden iniciar justo después de acabar la escuela secundaria obligatoria y el único requisito es haber encontrado una empresa que le pueda admitir como aprendiz.

Los propios jóvenes alemanes son los encargados de buscarla (al menos en el 75% de los casos) si no, se puede pedir ayuda a la oficina pública de empleo. Pero las compañías también ponen de su parte: el 70% del coste de la formación corre a cargo de la empresa, donde se incluye el salario y el 30% restante lo aporta el Estado.

La inversión media en cada alumno es de 18.000 euros al año, aproximadamente. De los cuales, las empresas calculan que se amortiza hasta en un 76% gracias a la rapidez de aprendizaje y la propia aportación productiva del alumno durante su estancia realizando el trabajo.

El programa incluye que un tercio del tiempo que dure la formación se haga en la escuela y los dos tercios restantes aprendiendo la profesión en sí, en el entorno de trabajo. Al finalizar el periodo formativo, los alumnos deben aprobar un exhaustivo examen mitad práctico y mitad teórico para titularse.

Algo totalmente diferente a España, donde los periodos de prácticas en empresas, tanto en la universidad como en la formación profesional son tan solo de dos o tres meses y en ningún caso superan el tercio del tiempo total. Ante esta situación es obvio que nuestro país necesita una relación más fluida entre el sistema educativo y las empresas; con mayor permeabilidad entre ambos.

En la actualidad, el sistema educativo está demasiado aislado de la realidad laboral, que debería centrarse en el desarrollo de modalidades duales que dotaran de experiencia y habilidad a los estudiantes así como insertarlos directamente en el mundo empresarial como hacen nuestros vecinos centroeuropeos.

 


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