A menudo, la Responsabilidad Social Corporativa se mide en presupuestos o proyectos a largo plazo. Sin embargo, para el Grupo Satocan, uno de los hitos más destacados de este año no tuvo que ver con grandes inversiones, sino con algo mucho más humano: el compromiso personal.
En un mundo cada vez más digitalizado, el Grupo Satocan y la Fundación Canaria Aldis han protagonizado una iniciativa que sitúa a las personas en el centro de todo. Lo que nació como un ejercicio de autonomía, derivó en un intercambio de ilusión entre Gran Canaria y Tenerife, evidenciando la conexión humana como valor fundamental.
El origen: un ejercicio de autonomía real
La Fundación Canaria Aldis dedicada a la inclusión de jóvenes con discapacidad propuso a diez de sus chicos y chicas un ejercicio pedagógico que iba más allá de la escritura: compartir una parte de sus vidas con Satocan, preparar los sobres e ir a Correos para su envío postal. Y lo que comenzó como una actividad para potenciar sus capacidades, pronto se convertiría en una experiencia transformadora para los trabajadores del Grupo Satocan. “Redactar estas líneas no resultó una tarea sencilla para ellos, fue un verdadero ejercicio de superación", señala Mapi Arencibia, directora de la Fundación Satocan.
La respuesta: el compromiso de la "Satocan People"
La reacción dentro del Grupo Satocan al recibir estas misivas fue instantánea. Mapi Arencibia rememora cómo sintieron la necesidad de corresponder a esa ilusión: “ellos acudieron con entusiasmo a Correos para hacernos llegar sus historias. Teníamos que asegurarles que sus palabras habían tenido eco y que todo su esfuerzo había valido la pena”. De este modo, bajo el lema "Una carta, una sonrisa", la Fundación Satocan movilizó a los trabajadores de la organización, la denominada “Satocan People”. La respuesta superó todas las expectativas y desbordó cualquier previsión: numerosos empleados, en compañía de sus hijos, se volcaron en contestarles poniendo corazón en cada palabra. El resultado fueron 44 cartas repletas de historias personales que cruzaron el océano hasta su destino en Tenerife. "Al mirar atrás - comentan los trabajadores que se sumaron a la iniciativa -nos damos cuenta de que no se trató solo un intercambio de cartas, supuso una experiencia de honestidad y nos confirmó que los lazos humanos constituyen el valor principal de cualquier organización”. Un legado que no pierde vigencia
Un impacto que trasciende el papel
La llegada de las cartas a la sede de la Fundación Aldis en Tenerife fue un evento que, Ofelia, presidenta de la Fundación y madre de uno de los participantes, aún recuerda con emoción "Llevo más de 20 años trabajando por nuestro colectivo y nunca había sido testigo de tanto amor, tiempo y dedicación reunidos en un mismo acto. Nos han hechizado el corazón “
Un recordatorio necesario
Meses después de que aquellas 44 cartas llegasen a su destino, nos recuerda que en una era dominada por la inmediatez, nuestro tiempo sigue siendo el regalo más valioso. Y, tal como subraya Mapi Arencibia, “ver cómo nuestros compañeros hacían partícipes a sus familias y compartían pedacitos de sus vidas, nos confirma que, en el Grupo Satocan, somos ante todo una familia conectada con los demás”
A día de hoy, la Fundación Satocan reafirma que este tipo de acciones son la prueba de que el compromiso con las personas y la sensibilidad social, son los verdaderos pilares que definen a las empresas que trabajan por construir comunidad y apuestan por una Responsabilidad Social Corporativa que va más allá de los números. La empatía y el compromiso personal son los motores necesarios para generar un impacto real.
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