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Ética e iniciativa, los pilares para el progreso

abr. 12, 2018 Sociedad

Los dos vectores que hacen que la sociedad avance son la ética y la iniciativa. Y estos son los caminos que ha de seguir Canarias para recuperar la riqueza tanto económica como social en los próximos años: el emprendimiento y la educación basadas en la premisa de ética e iniciativa. 

Si en algo estamos de acuerdo todos los sectores es que, por encima de los intereses y agendas políticas, estamos los ciudadanos. Por eso, nuestra sociedad debe apostar por un modelo educativo estable que responda a las necesidades de una sociedad plural: desarrollar personas independientes, con criterio propio y total libre pensamiento. Características que, desde luego, no se obtienen desde la memorización de datos a mansalva. 

Conocido es que hay países cuya línea ética es más profunda que en otros. Y no es casualidad que sus productos y sus servicios suelen gozar de un mayor prestigio y logran una mayor aceptación por su mejor calidad. De la misma manera, la ética sería la base principal que generaría la confianza en nuestra economía y supondría un mayor atractivo para turistas, proveedores, inversores, clientes, etc. Sin duda una educación sólida en valores da sus frutos a largo plazo.  

Ante este enfoque ético es posible que los más benévolos me tachen de optimista y otros como ingenuo. Sin embargo, si miramos a nuestro alrededor podemos comprobar que los países con un desarrollo más armónico son los más respetuosos con las reglas de juego y, a la vez, son los que trabajan con una visión más a largo plazo. Muchos de ellos sin riquezas naturales. Más bien al contrario, solemos encontrarnos con países con grandes cantidades de materia prima pero disminuidos económica y socialmente. 

El mayor fruto que puede lograr una empresa es el crecimiento. Y esto se consigue invirtiendo esfuerzo y creando riqueza. Solo así se generarán los ansiados puestos de trabajo que todos queremos recuperar. Por eso, la ética es algo que se ha de transmitir a todo el equipo de trabajo, tanto a nivel directivo como laboral. Si la ética no forma parte de la filosofía básica de la empresa, las personas no pueden percibir ni el respeto ni el valor que se les tiene, ya sean trabajadores o clientes. 

En el mundo empresarial, es obvio que el principal objetivo es la obtención de beneficios económicos. Y esto no ha de verse como algo indecoroso. Generar riqueza es lo que provoca el crecimiento y el avance de la sociedad. Pero no hay que olvidar que esto ha de ser hecho a través del bienestar del equipo humano y del cliente. Así se consigue que la seguridad financiera sea estable y duradera. Precisamente por esto, es el empresario siempre ha sido el protagonista del progreso. Es el motor que favorece el cambio y la mejora social a través de la creación de riqueza. Pero es la ética la que hace que no haya que olvidarse de la responsabilidad social de favorecer el desarrollo de las personas. 

La ética ha de ser una herramienta más de trabajo. Hay que pensar en ella como una inversión a medio plazo. La visión a corto plazo denota, empresarialmente, una falta clara de pensamiento, que es precisamente lo primero que se debe exigir a una directiva. Porque la visión a corto plazo puede tener interés en algunos aspectos cotidianos, pero no tiene garantía de futuro en lo verdaderamente importante como es, en este caso, el mundo empresarial. 

Y por supuesto, esto también tiene que derivar en una actitud ética en el sector político. Por eso, resulta increíblemente irresponsable que hoy en día, los partidos políticos no tengan la firme voluntad de consensuar un sistema educativo que nos saque de la pobreza formativa y que se levanten de la mesa de negociación con cualquier excusa, para según ellos, obtener rédito político, aunque la sociedad se vea perjudicada. 

Cuando empresarios y políticos lleguemos a familiarizarnos con esta responsabilidad de atender a los equipos humanos y a los clientes como personas que exigen comportamientos éticos, nuestra sociedad saldrá de la mediocridad.

 

 


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