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El 'desempleo sostenible', la condena de Canarias

mar. 10, 2016 Turismo

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Canarias tiene prácticamente aseguradas las altas ocupaciones hasta finales de 2018. Tanto es sí, que para este verano se manejan previsiones de entre cinco y diez puntos más que en la época estival del año pasado, lo que supondrá que haya de un 85% a un 95% de camas ocupadas. La temporada baja es más alta que nunca, y así ha quedado patente en el transcurso de la feria turística ITB, que se celebra estos días en Berlín.

Pero existe un preocupante reverso en esta buena noticia. “Canarias, desde hace 15 años, no ha sido sido capaz de adaptarse a la demanda turística más que en algunos casos aislados”, aseguró recientemente con motivo de Fitur el director de comunicación de Lopesan, Francisco Moreno. “Esto es insuficiente: estamos hablando de un destino que mueve casi 13,5 millones de turistas; y el año pasado no todos quedaron satisfechos”.

Este año vamos por el mismo camino. Esta semana, los turoperadores del mercado germano han lamentado que el exceso de demanda provoque que se estén ocupando camas de peor nivel, pero similar precio, que el que este mismo cliente encontraba en destinos como Turquía, Túnez o Egipto. La imposibilidad de atender la demanda adecuadamente constituye ya un problema para el mercado canario.

La culpa de esta situación recae sobre el bloqueo absoluto que el Gobierno de Canarias ha impuesto a las islas en general y a Gran Canaria en particular durante los últimos 15 años a través de las sucesivas moratorias. Porque actualmente hay en Canarias algo más de 100.000 camas clasificadas en los planes parciales con suelo de uso turístico y bloqueadas por esta legislación. Camas que en ningún caso ocuparían suelo nuevo (algo que queda claro en el anteproyecto de la Ley del Suelo que ha presentado el presidente Fernando Clavijo), que podrían suponer una inyección de empleo y de buen servicio y que, sin embargo, no pueden salir adelante por una miope decisión política. Si en los próximos diez años saliesen al mercado unas 70.000 nuevas camas se generarían hasta 80.000 puestos de trabajo.

Así las cosas, tenemos por un lado una fuerte demanda por el producto canario. Y, por el otro, una oferta que, en parte, corre peligro de quedar desactualizada; frenada por unas leyes que han bloqueado la renovación con nuevos productos en suelo ya calificado. Esta situación es grave. Pero se torna dramática cuando se recuerda que las Islas soportan el drama de un 26,75% de desempleo.

La sostenibilidad medioambiental supone un objetivo errado si no se logra paralelamente una sostenibilidad económica y social. Y esta triple dimensión no se da debido a que el crecimiento cero que el Ejecutivo canario impuso a principios de la década pasada con el argumento de la sostenibilidad equivale, en la práctica, a imponer un desempleo sostenible en el archipiélago.  


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