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Yrichen, una ventana a la esperanza

nov. 15, 2015 Entrevistas

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La droga azotaba Telde, un municipio que por aquel entonces no contaba con recurso alguno para combatir esta lacra. Fue esa situación la que llevó a la parroquia de San Isidro, en el barrio de Las Remudas, a tomar la iniciativa. De esto hace 26 años.

Aquel primer paso se dio para“acompañar a los jóvenes en el proceso de salir de ese mundo”, como relata Jorge Hernández, precursor de la Fundación Yrichen. “Comenzamos con un grupo de voluntarios, nos reuníamos en los salones de la iglesia, donde hacíamos talleres con los chicos”. El despacho del cura era el despacho de los profesionales. Contábamos con un médico, una psicopedagoga y educadores. Todos voluntarios. Así nació Yrichen: “Despacito y con buena voluntad”.

Poco a poco, la asociación fue creciendo y necesitaron contratar personal, abrieron más servicios, pisos, talleres, “se nos hizo pequeño el espacio de la parroquia”, explica el fundador, “el barrio asumió con orgullo ese nuevo reto”.

Yrichen atiende hoy, en todos los programas, a unas 780 personas, que se distribuyen en diferentes comunidades: el Centro Penitenciario de Juan Grande, otro dedicado a los menores, centros de día, pisos y servicios ambulatorios. “Para cubrir esta demanda”, comenta Jorge Hernández, “tenemos 30 trabajadores y más de 70 voluntarios”.

Esta fundación ofrece un trabajo personalizado, donde lo importante es la cercanía y las demandas de cada miembro. “El proyecto trata de cambiar la vida de las personas”, explica, “y como entendemos que las adicciones son una enfermedad biopsicosocial y cultural, la intervención debe ser también a todos esos niveles: biológico (la parte médica), psicológico (porque la clave es que aprendan a cambiar su forma de pensar), social (porque está implicado todo su entorno: familia, vecinos, escuela) y cultural (porque influye su forma de relacionarse)”.

El mundo cambia y con él, también esta fundación. Las tecnologías de la comunicación están generando nuevas adicciones, sin sustancias, que crean conductas disfuncionales y en Yrichen trabajan ya desde la prevención y la intervención.

Jorge Hernández expone que el perfil de las personas que vienen al centro habitualmente son hombres, con una baja tolerancia a la frustración, con un entorno que no les ha permitido crecer y que no conocen los límites. “Pero notamos que hay mujeres con graves problemas y diferenciados, pero es más complicado llegar hasta ellas o que ellas lleguen a nosotros, es un tema que estamos analizando”.

Yrichen, espiga en idioma aborigen, es una fundación que mantiene clara su condición de ONG, porque nace y vive de la sociedad, “una sociedad que asume sus responsabilidades”, añade el fundador. "Una forma de implicación está, por ejemplo, en la responsabilidad social corporativa de las empresas, o ya a nivel particular". El 80% de su presupuesto lo aporta la administración pública”.

Hay muchas empresas canarias que destinan parte de sus beneficios a Yrichen, o bien apoyan con sus propios recursos o con asesoramiento en la gestión. La asociación recibe, además, ayuda de diversas empresas grancanaria. Para esta fundación recibir ayudas del mundo empresarial, del mundo privado, es fundamental para poder innovar. Pretenden darse a conocer cada vez más y modernizar sus recursos para poder ofrecer servicios de calidad.






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